Adrián Ibarra

12mo, CES

¿Cómo narrar la violencia, sobre todo cuando alcanza a ser tan desaforada y horripilante que devasta con todo lo que nos separa de ser animales salvajes? 

Día a día vemos todo tipo de actos violentos: asesinatos, suicidios, maltratos, corrupción, robos, burlas…; los vemos en las noticias, en las calles, en los hogares y trabajos. La violencia se ha convertido en algo cotidiano, aunque no lo queramos. Según la Organización Mundial de la Salud: 

La violencia es el uso deliberado de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones.

La violencia en Puerto Rico ha trascendido y se ha hecho visible en la literatura contemporánea, como se puede apreciar en los cuentos “Guantes de Látex”, de Francisco Font Acevedo y “Tú no jodes más”, de Josué Montijo. En ellos se refleja la sociedad actual y sus problemas, utilizando elementos surrealistas para normalizar actos horrendos de violencia. Estos autores hacen muy buen trabajo, ya que, al lector llevar a cabo la lectura por primera vez, no se percata de inmediato de lo que en realidad acaba de ocurrir.

En “Guantes de látex” se cuenta cómo un hombre de clase alta y adinerado observa con disgusto a todos quienes son inferiores a él en estatus social y nivel económico, y se relata lo que este hombre de negocios y su familia hacen por costumbre una vez al mes.  Como lector, el instinto al seguir una historia es prever con anticipación lo que puede ocurrir. Al leer el cuento, comenzamos con un personaje que tiene fobia por la limpieza y los detalles, que piensa en su familia y el tiempo que separan para compartir. Todo aparenta normalidad hasta que, al salir de la oficina, decide desviar su carro hacia un área llena de adictos, mendigos y prostitutas, y descubrimos su intención de recoger una prostituta. Entonces la historia se comienza a tornar oscura, y la violencia se manifiesta en el sentir del personaje al describir su desprecio por esas áreas y sus personas:

No creo que haya una avenida más sucia y enferma que esta. No hay un semáforo libre del asedio de uno o dos adictos, esos seres ruines y andrajosos que no se cansan de mendigar a cambio de ensuciar los parabrisas de los vehículos. (Acevedo 12). 

Al enterarnos de que el protagonista la lleva a su casa con su familia, uno, como lector, piensa que la familia hará un acto de caridad de brindar comida y ropa a un necesitado, pero la caridad de esta familia es lúgubre y violenta. 

La sociedad actual, en su mayoría, ve a esta clase de personas como escoria y los desprecian.  Es un grupo bien pequeño de la sociedad el que les brinda ayuda, así que son clases sociales totalmente marginadas; viven bajo la violencia de su condición y de la violencia del resto de la sociedad que los mantiene marginados.

En el otro cuento, “Tú no jodes más”, se nos presenta la historia de un exconvicto y su esposa; él trabaja en construcción y, recientemente, había sido víctima del robo de sus herramientas de trabajo.  Su esposa le deja saber quién fue el muchacho responsable del robo, sabiendo que su marido sabrá qué hacer, y le dice: “Ese tipo es un desprecio, Confe, no vale dos chavos prietos. Se le ve por encimita” (Montijo 134).  Esto refleja el desprecio y falta de valor que le da a la vida del muchacho. Otro aspecto que se presenta y que es muy común en la sociedad, es que nadie permite que se metan con uno, y en lugar de acudir a las autoridades del orden público, recurren al ojo por ojo y diente por diente.  Eso fue lo que hizo Austria, la esposa del personaje principal, Confesor; le delató quién había sido el responsable del robo, sabiendo que él tomaría todas las acciones hasta vengarse con violencia. Ella sabe que Confesor es violento y que estuvo encarcelado, pero no le teme porque con ella no lo es, por lo que no duda en encender en él la llama de la violencia y hasta de convertirse en su cómplice, situación que inclusive disfruta.  Confesor aniquiló a quien le robó de forma premeditada y calculada, como quien tiende una trampa a una rata y luego se deshace de ella y limpia el jardín para nunca más pensar en ella. En este cuento se refleja la ira con que viven las personas, incapaces de perdonar y seguir adelante.  

Ambos cuentos reflejan una sociedad en donde siempre hay un ser más inferior que el otro, quien –al parecer– está ahí para la satisfacción del que lo pisotea.  Estas historias se desarrollan en la zona metropolitana y describen las áreas marginadas habitadas por personas víctimas de su entorno, que se desarrollan en la violencia, con falta de educación, rodeados de todo tipo de vicios.  En los dos cuentos hay familias con mejores posibilidades de salir adelante, que desprecian tanto a esos seres humanos más desventajados, hasta el punto de cometer el acto más cruel de acabar con sus vidas. Estos personajes son capaces  de hacer desaparecer premeditadamente por completo a una persona, sin dejar rastro alguno de su existencia. Para nuestra sorpresa, el cuento presenta cuán fácil parece el hecho de desaparecer a una persona, precisamente tomando como víctimas los marginados de nuestra sociedad.

A pesar de que, en “Guantes de Látex” no se establece explícitamente el acto de matar a la prostituta, la imagen de unos padres que junto a sus hijos adolescentes se preparan para cometer el crimen sin dejar rastros es moralmente tan impactante como el del cuento del exconvicto que premedita el asesinato del joven deambulante que le robó, y en ambos casos todos tienen cómplices.  Actualmente, vivimos en una sociedad en la cual la violencia es tan increíble y absurda que, quizás el surrealismo que vemos en los cuentos, no está tan apartado de la realidad como pensábamos. Cada día se reportan tantos casos inimaginables que ya ni nos inmutamos ni nos percatamos lo que es realidad o ficción. ¿Qué podemos hacer? ¿Estamos siendo también cómplices?…

 

Bibliografía:

Font Acevedo, Francisco. La belleza bruta, Editorial Aventis, 2008.

Montijo, Josué. Hasta el fondo, Libros AC, 2016.

 

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