Dan Shai Zapata Rosenfeld

12mo, CES                                                   

            “Como de costumbre, ese día llegué temprano a mi despacho”.

– Guantes de látex

            Desde siempre, hemos oído y escrito sobre la crueldad humana: matar y maltratar a otro ser viviente. Es por eso que la violencia se puede definir como la rudeza del ser humano. En esta antipatía, encontramos una realidad brusca: la intención de hacer daño. La violencia… ¿es costumbre humana?, ¿estaría justificado el maltrato a otro ser? Si es costumbre, ¿la violencia es algo natural? Lleva siglos en nuestra historia…  Entonces, ¿por qué no? 

            La narrativa violenta y explícita no es nada nuevo. Esta conforma un género que se puede interpretar como psicológico por la libertad de interpretación que le ofrece al lector. Además, representa traumas que te dejan pensando sobre la naturaleza humana. Muchos de estos libros, regularmente, presentan críticas. Por ejemplo: “No hay policía ni departamento de policía que pueda pagar por un carro como este”. (Font Acevedo 14)  Este es un juicio no solo en contra de la seguridad de dicho país narrado en el cuento, sino económico porque asegura que ningún “policía” puede llegar a tener un carro lujoso. Por otro lado, es un género con el que todo lector se puede identificar, a través de los actos de los mismos personajes: “[a] veces me aventuro y subo a la Placita o a otro negocio diferente, pero me siento raro y no es bueno beber y sentirse raro. Decido no subir a la Ponce y me voy al negocio de siempre”. (Negrón 21). ¿No te pasa que en vez de ir a un lugar nuevo prefieres quedarte en el viejo? De esta manera, los autores de este género forman un enlace con nuestra humanidad y podemos relacionarnos a través de sentimientos nostálgicos o comunes.Es aquí cuando entra la parte psicológica: luego de establecerse un lazo, se describe o se relega la violencia a la imaginación.  Lo curioso es que en ambos cuentos, “La 20″ y “Guantes de látex”, los autores deciden transmitir los actos violentos a la imaginación. Aunque, sí, en “La 20″ se observa por medio de escenas descriptivas, como cuando van al cine queer y los miran raro. Sin embargo, ambos textos tienen la particularidad de dejar al lector pensando en la violencia… en cómo él la ve. Por ejemplo: 

Alguien me cuenta que lo vieron en el Condado, que vive en un edificio abandonado cerca del mar, con su perro sin nombre. Cada vez que escucho desde mi casa una ráfaga de tiros en mi barrio, lo recuerdo, pero no he sabido más de él. (Negrón 30)

Mientras ellos se acomodaban el látex, yo me adelanté. Con las cintas de plástico que guardaba en mi pantalón, fijé los tobillos de la invitada a las patas delanteras de la silla, le até las muñecas y, tras levantarle los brazos, la enganché a la cadena del saco de boxeo… Media hora más tarde habíamos terminado. (Font Acevedo 15-16)

En realidad, nunca leíste la violencia, sino que te la imaginaste, porque se puede identificar mediante la normalización de dicho acto. En los dos cuentos, el final es un final normal o cotidiano para nuestros personajes. De ahí que se identifica una denuncia ante esto: la violencia como costumbre. Digamos, entonces, que sí lo es. ¿Qué factores nos llevan a esto? ¿Será la diferencia de clases, la sobrevivencia o solo porque quieres?

Todas las opciones son correctas, pues la violencia se ha normalizado porque vivimos con estos factores día a día. Una ráfaga de tiros no inmuta al protagonista de “La 20″mientras que el maltrato y el homicidio de una prostituta solo significa algo divertido para la familia de “Guantes de látex”. No es justificar los actos por  dichos factores, sino que es ordinario para nosotros existir en tal ambiente.  Si uno observa la violencia cada día, ¿qué lleva a pensar que no es algo natural? El habitar en un ambiente tan tóxico e inseguro solo hace a la vida más difícil. Y lo difícil puede llegar a convertirse en violencia. Por eso, 

Diego echó la tela y los guantes usados en el incinerador. Después de ayudarme a guardar el bulto en el baúl del Jaguar, me preguntó si podía acompañarme. Estaba en esa edad en que se sentía todo un hombre. 

-Esta vez no –le dije–. Tal vez el mes que viene. (Font 16)

 

Bibliografía:

Font Acevedo, Francisco. La belleza bruta, Editorial Aventis, 2008.

Negrón, Luis. Los tres golpes, Instituto de Cultura Puertorriqueña, 2016. 

 

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