Por Melissa Mercado Caraballo

juanluis.png

 

En la esquina de la calle Belaval con la Avenida Ponce de León se encuentra el edificio #1510, donde habita la librería Libros AC. Allí, detrás de sus cristales, se ve la figura de un hombre alto y grande con un abrigo verde. Su pelo está un poco revuelto y algunas canas ya se dejan ver. Su barba frondosa esconde su cálida sonrisa y entremedio de un bosque de pelos pueden verse unos pequeños ojos verdes que dan pistas del niño travieso que fue alguna vez. Su nombre es Juanluís Ramos, tiene 33 años, dos libros de cuentos publicados, un doctorado casi al otro lado y muchas historias que contar.

A Juanluís lo conocí hace nueve meses cuando comencé a trabajar en la librería. Ambos trabajábamos los domingos, que suele ser el día más lento de la semana, así que en los espacios donde no entraba un alma, yo pasaba del bistro a la librería a charlar con mi buen amigo. Basta con sentarse a hablar con él para percatarse de que es un cuentacuentos. No hay historia de la que te hable que no parezca sacada de un libro de ficción. Juanluís me ha contado muchas anécdotas desde que lo conocí. Siempre está dispuesto a contar y a escuchar.

Este domingo yo no estoy trabajando, pero he llegado hasta la librería para visitarlo. Al entrar, esta se ve vacía porque está en cierre parcial por remodelación. En las paredes aún queda mercancía, y en el centro de la sala se ven tres mesas con algunos libros más contemporáneos que aún quedan para la venta. Juanluís camina entre las mesas mirando y reacomodando, como quien busca encontrar una manera de no ser devorado por las ingratitudes del tiempo. Cuando llego me recibe con un abrazo y una sonrisa. Me pregunta que cómo anda la vida y le digo que difícil. Sonríe, porque entiende.

La primera hora la pasamos hablando, café en mano, de los últimos acontecimientos en su vida. Aprovecho para preguntarle cómo anda su doctorado. Me cuenta que va todo bien, que terminar la tesis se le ha hecho complicado y que la considera un ejercicio antipedagógico. A pesar de todas las historias contadas y todas las conversaciones tenidas, me intriga la historia detrás del narrador: ¿quién fue él antes de ser Juanluís Ramos, el premio PenClub 2009 y el Premio Nuevas Voces 2017? ¿Quién era antes de Reyerta TV, su primer libro, y entremedio de este y Shadowplay, su segundo? Lo observé tomar el último sorbo de su cortado doble y quedarse mirando el fondo, le pregunté si quería otro y vacilando me dijo que no, que ya ese era el segundo del día,  que estaba bueno por hoy. Allí comenzamos a hablar como nunca antes. Le pregunté sobre su infancia, sobre Juanluís niño y no autor.

 

Juanluís niño

Melissa: Juanluís, cuéntame, ¿cómo fue tu infancia?

Juanluís: Pues nazco en Bayamón en el 1985. Tengo una hermana de padre y madre que nació en el 1986, así que yo soy el mayor. Muchos años después nacieron mis otros dos hermanos menores, productos de una relación fuera del matrimonio de mi papá. Al principio fue difícil procesar y aceptar la situación, comencé a tener una hermana recién nacida a los 22 años y no es nada fácil. Le llevo muchos años a mis hermanos, además de que las circunstancias no fueron idóneas. Pero ahora mismo mi hermanita es una de las razones por las que me levanto todos los días. Hay cosas que toma tiempo aceptarlas y apreciarlas.

Me crié entremedio de dos residenciales en Bayamón. El residencial Los Laureles y Bayamón Gardens. Todos mis amigos de la infancia eran de esos residenciales y yo iba y los visitaba para jugar videojuegos en sus casas. Bayamón en el imaginario no existía como existe desde hace un tiempo para acá. No era tanta la imagen de violencia que se tenía del pueblo. Aunque años más tarde viví una de las experiencias más aterradoras de mi vida en el propio balcón de mi casa. Pero de pequeño todo era diferente. Yo era feliz y me sentía seguro. Siempre fui buen estudiante, aunque me suspendieron dos veces de la escuela… mentira, me suspendieron, ¿tres veces? Te cuento, la primera vez fue por vender canicas. Yo las vendía y un día luego de venderle a un nene se las quise quitar. Pero no solamente eso, después le tiré con piedras y me quedé con las pesetas del nene. Obviamente, me suspendieron porque por poco le rajo la cabeza. En otra ocasión, en la escuela donde estaba habían pintado una pared y la pintura se empezó a escascarar. Niños al fin, empezamos a arrancar la pintura escascarada y a hacer bolitas para hacer una guerra de bolas de pintura. Esas bolas se pusieron como piedras y me suspendieron por participar de una actividad peligrosa, alguien pudo partirse la cabeza. Otra vez fue por cortarle el cabello a una compañera de clase con una tijera, lo gracioso es que ella y yo estudiábamos juntos desde la elemental y todavía somos amigos. Pero ese día le corté un flequillo a Isabel. También me suspendieron por romper un banquito en la escuela. Esa era la época donde decía que cuando fuera grande quería ser científico, aunque no tenía idea de qué eso significaba.

Nunca me imaginé a un Juanluís problemático. De primera instancia este se muestra como un gigante tímido, su barba una coraza que hay que derribar para hacerlo charlar a viva voz. Mi intriga por conocer cómo llegó a ser quien es hoy creció más.  Especialmente cuando me comentó que en su casa no había libros.

 

Juanluís músico

Juanluís: En mi casa no había libros. Yo crecí con la televisión y precisamente por eso ese símbolo está presente en mi primer libro. Nunca pensé que iba a ser escritor. En mi casa nunca me hablaron tan siquiera de ir a la universidad. ¿Qué sucede? Cuando estoy en escuela superior entro a un programa de la Universidad Interamericana de Bayamón donde cogía clases y ese programa me empieza a motivar para ir a la universidad. Pero lo único que conocía era la Universidad Interamericana así que allí era donde pensaba solicitar. Pasa entonces que la mamá de un amigo mío que había estudiado en la UPR me empieza a hablar de su experiencia y allí es cuando comienzo a considerar la Universidad de Puerto Rico como una opción. Solicité primero por Publicidad. Esto fue en el año 2003 cuando me gradué de escuela superior.  Entonces, estoy un día con unas amistades y los acompaño a la IUPI a entregar unos papeles. Cuando estamos allí el oficial administrativo, me parece que su nombre era el señor Encarnación, me pregunta si yo solicité a la UPR. Le dije que sí, que había solicitado por Publicidad, y me dijo que podía verificar en el sistema si entraba o no. Cuando miró me dijo que con mi IGS no podía entrar a ese programa, así que me enseñó otras opciones. Él lo que me recomendó fue entrar por el programa de Inglés en Humanidades, pero yo no sabía mucho inglés así que le dije que no. Terminé solicitando por Música.

En uno de los turnos que tuvimos cuando yo trabajaba en la librería, Juanluís me había contado que antes de entrar a la universidad solía tocar bajo y había tocado con algunas bandas pequeñas. Sin embargo, esa ambición por la música se fue difuminando poco a poco y lo único que quedó fue la escritura efímera de versos aquí y allá.  La idea de Juanluís músico no era descabellada. También había un cuasi plan envuelto: estudiaría música, formaría una banda y viajaría el mundo tocando y siendo un rockstar. Pero Juanluís músico nunca llegó tan siquiera a tomar clases de solfeo. Ese primer año se matriculó en los cursos medulares, incluyendo una clase de Estudios Hispánicos. Allí conoció a Vallejo y  comenzó a convertirse en quien es hoy.

 

Juanluís escritor

Melissa: ¿Qué sucedió para que no terminaras estudiando música?

Juanluís: No puedo decir que fue el profesor el que me convenció de que estudiara Estudios Hispánicos, pero estando en esa clase de literatura leemos a este escritor llamado César Vallejo, del cual no había escuchado hablar nunca. No sé decirte qué fue, pero cuando leí su poesía algo en mí se abrió y decidí que lo que quería era estudiar literatura. Entonces voy y hago el cambio de Música a Estudios Hispánicos. Más adelante tomo un taller de narrativa con Mayra Santos Febres.  A partir de esa clase empiezo a cogerme más en serio esto de escribir. Ocurre que a la misma vez que ella estaba dando el taller de narrativa daba un taller de poesía. Las dos clases se unieron y formamos la Asociación de Escritores Universitarios. Nosotros hacíamos lecturas por la universidad, en las librerías cercanas, el Festival Antonia, Guajanas Café, entre otros. Teníamos también un blog que se llamaba El Pozo de Tales, donde publicábamos escritos. La página todavía existe, pero los escritos no están, los borramos, pero todavía está la huella de lo que existió alguna vez.

El punto es que de ese grupo conocí a Samuel Medina, Sergio Gutiérrez y otros autores que hoy día son relevantes. Ya entonces no me sentía solo porque estaba rodeado de otras personas que también escribían y que necesitaban la escritura en sus vidas.

De allí paso a formar, junto con Samuel Medina y Sergio Gutiérrez, una revista en línea la cual llamamos Agentes Catalíticos. El concepto era una revista online donde se publicaran obras de diferentes escritores y estos tuvieran participación en la página, así que se les pedía que se grabaran contando o recitando sus escritos. Sin saberlo, estábamos dando los primeros pasos a eso de ser editores, cosa que vendría después. Luego pasamos a hacer un único número impreso, se llamó AC Vol.1 Press Start to Play, que si lo pensamos lo hicimos al revés de como se hace ahora. Uno busca que todo se vaya digitalizando para ganar más tráfico de lectores, pero es un fetiche de la literatura, supongo, el querer tener el papel. Bueno, de allí nos metemos de lleno en la literatura y mientras estamos en todo ese proceso sale la convocatoria para un certamen literario de poesía y cuento auspiciado por la Universidad de Puerto Rico. Pero no era cualquier certamen, era un certamen donde enviabas una propuesta para un libro, o sea, un manuscrito. Así que envié la propuesta para Reyerta TV. Quedé primer finalista en narrativa y Samuel Medina ganó el primer lugar en poesía. Después de eso nos hacemos una pregunta muy importante: ¿Por qué Agentes Catalíticos no se vuelve una editorial? Y a partir de allí lo comenzamos a llamar Libros AC. Las primeras dos publicaciones de la editorial fueron Reyerta TV y Sushi: Bite Size Poems, el poemario de Samuel.

 

Juanluis efímero

Después de decidir comenzar la editorial y publicar su primer libro de cuentos, Juanluís entró de lleno al mundo literario y ganó el premio PenClub 2009. Lo que muchos no saben es que para que Reyerta TV pudiera ver la luz del día tuvo que pasar varios contratiempos. La primera vez que Juanluís me contó esta historia lo hizo de modo superficial. Me dijo que un día, estando en el balcón de su casa en Bayamón, lo asaltaron y le llevaron su computadora. Cuando leí el libro me percaté de que el último cuento es precisamente la anécdota aterradora que me había contado su autor un tiempo atrás con uno de sus cortados doble en mano. ¿Sería verdad entonces, o era todo pura ficción?

Juanluís: Reyerta TV se me fue de las manos dos veces: una antes de ser publicado y otra en el proceso. Después de decidir publicar el libro sabía que tenía que comenzar el proceso de edición y reescritura. Un día invito un amigo a mi casa, ya tenía el libro editado y quería enseñarle unas cosas. Estamos los dos en el balcón fumándonos unos cigarrillos y hablando, cuando de repente se para un carro frente a la casa y sale este tipo con un abrigo, una gorra y una pistola en la mano gritando “¡Dame lo que tienes ahí!”. Al principio yo creía que era embuste, yo hasta le pregunté “loco, ¿quién tú eres?” Él se alteró y empezó a gritar que le diéramos las cosas. Mi amigo le dio el celular y yo le di la laptop, donde estaba Reyerta TV editado. El tipo se vira, se va y yo entro a la casa y me tiro al mueble a llorar. Nunca había estado en una situación de tanta violencia. La policía llegó y se hizo la querella, luego mi amigo se fue y monté una desktop vieja y lenta que tenía en casa. Comencé a escribir una crónica de lo que acababa de pasar. Eso pasa a ser el último cuento en Reyerta TV, que es un libro muy diferente al que estaba en la laptop porque tuve que volver a escribir a partir del primer manuscrito.

Cuando al fin se puede publicar el libro, Samuel y yo salimos a entregar las copias por las librerías. Llevábamos todo el día haciendo entregas y nos dio hambre así que fuimos al McDonald’s frente a San Patricio a comer. Los libros estaban en un bulto de computadora que dejamos en el carro. Entramos, pedimos unos nuggets con papas, salsa agridulce, refresco grande y empezamos a comer. De repente entra una empleada y nos pregunta “¿ese carro gris que está allá afuera es de ustedes?”. Le habían roto el cristal y se habían llevado el bulto con las copias de Reyerta TV. Allí se me va el libro de las manos por segunda vez. Más o menos la mitad de la tirada se me escapa de las manos.

Después de ser publicado fui nominado al premio PenClub 2009, cosa que no sabía lo que era. Cuando llego a la ceremonia veo que todo el mundo está súper bien vestido y formal y yo no encajaba con la vestimenta ni con la actividad. Cuando llegan a la categoría que me toca mencionan a los finalistas y quedamos otro muchacho y yo. Él estaba ya listo para pararse cuando de repente me llaman a mí. Yo no estaba preparado para nada de eso porque no me lo esperaba, nunca escribí pensando en ganarme nada, así que me subo a la tarima sin saber qué decir. Llego allí, yo un chamaquito de 21 o 22 años, y agradezco a mis padres, a todos los que me ayudaron y a mis amigos. Recuerdo que había algo pasando en la universidad en aquel momento y cuando terminé mis agradecimientos dije “¡la Iupi no se vende!” y todo el mundo empezó a aplaudir y a gritar.

 

Juanluís alterno

            El primer cuento de Reyerta TV y el primer cuento de Shadowplay comienzan con un protagonista peculiar: Juanluís. En su primer libro presenta un Juanluís niño que se aprovecha de otro niño para poder ver televisión. Shadowplay abre con un Juanluís mayor, que se siente derrotado por las palabras de un crítico literario al cual se enfrenta. Muchas veces le han hecho la misma pregunta “¿eso pasó de verdad?” Pero Juanluís siempre sonríe y deja las posibilidades abiertas para su lector.

Juanluís: Yo no veo la literatura como algo comercial. Yo escribo para mí, porque es una necesidad.  A través de la escritura puedo desahogarme y conocerme más. Practico la autoficción porque es una forma de desdoblarte como escritor en el papel. Cuando escribo autoficción trabajo a partir de la realidad de Juanluís escritor. Al principio me daba miedo, pero ya no me importa lo que la gente pueda pensar. Escribir de esa forma me ayuda a bregar con esto que es la vida. Entre la ficción y la realidad hay una línea bien finita, casi invisible. Y no se trata de un alter ego, porque eso sería todo lo contrario a lo que uno es. Como en Super Mario Bros, que Mario tiene un alter ego que se llama Wario y es malo. Es como dice el poeta Walt Whitman en su poema Song of Myself: “Yo soy enorme/ Yo contengo multitudes”.  Es así, tenemos multitudes de personas adentro. Shadowplay trabaja con esa multiplicidad de personalidades y cómo estas reaccionan a los parecidos y las relaciones interpersonales. Pero vivir es difícil, y aún no descifro esto. Tener ese desdoblamiento no lo hace más fácil, pero ayuda a entender.

Entre Reyerta TV y Shadowplay hubo un espacio de 10 años sin publicación alguna. En 10 años cambia todo en la vida, se deja de ser y se vuelve a ser de muchas formas. Los escritos son muestra de esas transformaciones. Los cuentos de Shadowplay muestran ya a un Juanluís más maduro, con nuevas inseguridades, con nuevos intereses y enfoques.

 

Juanluís presente

Melissa: ¿Por qué tuvieron que pasar 10 años para volver a publicar?

Juanluís: Nunca pensé que iba a tener la atención que tuvo Reyerta TV cuando lo publiqué. Yo era solo un niño y jamás pensé que me llegarían tantas oportunidades con esto. Pero cuando logras hacer eso ya hay unas expectativas que la gente tiene de ti como autor. Estos diez años que han pasado, los he dejado pasar por miedo. Me aterraba la idea de que el nuevo escrito no llenara las expectativas de los que piensan que era una joven promesa en el mundo literario. Shadowplay se publicó porque me llamaron del ICP y me dijeron que querían publicarme y pensé que no podía dejar pasar la oportunidad. Así que prácticamente me obligué. El año pasado gané el Premio Nuevas Voces en el Festival de la Palabra y siempre me sorprendo porque no hago esto por el reconocimiento, es parte de mí. Nunca imaginé ser reconocido por escribir. Mi familia tampoco, ellos no entendían bien qué era lo que yo estudiaba y se vinieron a enterar de que yo escribía cuando publiqué y les enseñé el libro. Es un poco increíble.

El día se ha sentido largo. Los domingos tienen una peculiaridad de pasar más lentos que los otros días. Ya Juanluís se prepara para cerrar Libros AC. Organiza algunos libros que fueron tomados y olvidados por la librería y se dirige a la puerta. Le pregunto qué hará con el resto de su tarde. Juanluís librero sale y se monta en su carro. Juanluís amigo me pregunta si lo acompaño a otro café.  Nos ponemos en marcha y comienza a contarme otra de sus historias “Sabes que una vez estaba trabajando en la librería y llama este número raro. Cuando contesto, una voz al otro lado del teléfono comienza a decirme que hay un carro negro merodeando los alrededores y que nos van a asaltar…” Escucho atenta, siempre buscando encontrar la línea entre la realidad y la ficción.

 

 

 

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s