de Alexis Aguirre

“Una virgen concebirá y dará a luz un hijo,

y le pondrás por nombre Emanuel, que significa:

Dios está con nosotros.”

Mateo 1:23, La Biblia, Reina Valera Contemporánea

 

Con el ruido ensordecedor de un televisor sin señal, Zophiel observa unas fotografías de una mujer desnuda que tiene sus mismas facciones: delgadez esquelética ornamentada con senos flácidos, cintura escaza y caderas anchas. Una mujer con la escultura de finos detalles, que una sola imagen no logra capturar en su totalidad.

Luego de horas de observación cae en cuenta del tiempo que está perdiendo. Débilmente carga un jarrón pesado desde el armario de la habitación hasta la bañera, al otro lado del apartamento. Lo destapa liberando los eslabones que lo han cerrado por años y derrama una inmensa placenta rosa semi-trasparente que comienza a disolverse con el agua.

Con el temblor de las manos que le ocasiona estar días sin comer, se desnuda y entra a la bañera sin quitar la vista de uno de los tantos crucifijos de madera que ha clavado en las paredes del apartamento; el que incrustó sobre la plomería de la bañera es para evitar los deseos carnales. De tantos siglos viviendo con los hijos predilectos de Dios, los humanos, te contagias hasta de los más horribles males sexuales.

Controla lo asqueroso que le parece al contacto y se sumerge en la placenta lentamente. Saca la lengua cuando pierde el asco, mientras tiene casi todo su cuerpo sumergido y lame inseguro la mezcla.

El primer trago le revuelve el estómago y lo hace vomitar la cantidad que había tomado junto a varios coágulos de sangre. Observa los grumos entre la placenta y el agua. Piensa lo que está haciendo; pero los designios del Señor son inquebrantables. No se puede huir de ellos, te persiguen a través de la vida.

Encorva su espalda hacia atrás sintiendo un deseo sucio, mientras pasa sus dedos entre el agua e inserta los dedos en el ano. La cavidad se contrae tragando parte de la mezcla que se ha creado dentro de la bañera. Le tiembla el cuerpo pidiéndole caricias y con las manos esculpe su musculatura interna convirtiendo su figura en una cada vez más femenina y vomita el resto de la masa muscular que sobra.

El ardor de la garganta lo lleva a fijarse de lo que también se debía despojar. Con los ojos aguados lleva sus manos a la manzana de Adán; se la despega con la determinación de una fiera y la lanza nublado del dolor antes de desmayarse dentro del agua.

Despierta luego de creerse muerto y con las pocas fuerzas que tiene sube el brazo y deja ir por la plomería el agua que casi lo ahoga.

Embarrados de placenta, embute sus genitales hacia adentro creando una cavidad incluso más adaptada que una vagina singular para traer vida.

Agarra la manzana de Adán, que se comienza a descomponer, la mastica hasta hacerla puré y la escupe luego en sus manos. Y con todo el asco que se pudo imaginar, lo traga, conduciendo la masa desde su garganta hasta su pecho donde crea unos pequeños senos flácidos preparados para amamantar.

En la oscuridad se escucha un ruido horrendo del crujir de un cristal. Cuando regresa la electricidad la nueva mujer lee en el espejo del tocador lo siguiente:

“Vas a quedar en cinta, y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús.”

Zophiel parpadea, trata de aceptar lo escrito antes de sentir cómo se mueve algo en su vientre.

 

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