de Gaddiel Francisco Ruiz Rivera

A veces cuando uno transita de una isla a otras islas lleva compañeros de viaje con los que luego no se regresa en la vuelta. He ido dos veces a La Habana para participar de un encuentro anual de jóvenes escritores. La primera vez fue el año pasado y la segunda este año. El encuentro forma parte de las actividades de la Feria Internacional del Libro que Cuba celebra en febrero cada año. Otrxs escritorxs puertorriqueñxs han estado presente en estas visitas: Melanie Pérez Ortiz en el 2016, y Alba Ariet, David Caleb Acevedo, Isabel Batteria, José Ernesto Delgado y Raquel Salas Rivera en el 2017. Sin embargo, estxs compañerxs han regresado a sus destinos. Uno viaja con prendas, libros y recados que se quedan en la otra orilla. Esto me ha ocurrido en ambas ocasiones con varias copias de Sucede que soy América.

Partiendo de traducciones creativas del poema “America” escrito por el norteamericano Allen Ginsberg, Nicole Delgado cura un no-lugar, un libro de cruce y transición en que 30 voces se topan o “suceden”. El título Como proyecto, Sucede que soy América propone la traducción literaria como una responsabilidad política y socialmente comprometida.  Este “suceder” de los poemas como eventos y la traducción como acto político de subversión me remontan a la reseña de Melanie Pérez Ortiz publicada en 80grados, donde caracteriza al libro como la puesta en escena de una poesía política latinoamericana del siglo XXI. Señala que el proyecto fue pensado concibiendo la traducción y la traición como dos lados de un mismo poema. Por eso, es un “libro-suceso” donde el lector encuentra las cicatrices históricas que marcan a cada uno de estos 30 no-lugares.

Este libro se presenta como una oportunidad para familiarizarse con múltiples voces de la poesía latinoamericana contemporánea y las preocupaciones del continente que este viaje a “América” les llena la estrofa de esas cosas que se quedan en la otra orilla. Los versos dialogan desde el reclamo irónico y la mueca torcida con una América reconstruida desde la experiencia sobre las ruinas sangrientas de nuestro pasado:

¿Acaso no vivimos cosas siniestras y sin embargo las guerras pasaban en otros lados?
Éramos un cuerpo tan bello para las experimentaciones.
Pero estamos acostumbrados a esto.
Se puede leer en nuestros tatuajes. (12)

Las violencias que nuestros países han vivido aparecen en estos poemas con una frescura y una fuerza de memoria, como si el poema hiciera de los reclamos un diálogo de asuntos pendientes al continente:

Tu economía es mucho para mí.
Me hiciste querer ser una barbie.
No tenemos que estar de acuerdo.
Quienes valían la pena se fueron a NY. No van a volver. Eso lo sabemos todos.
¿Lo haces por maldad o es una broma pesada?
[…] Los críticos tienen hongo.
No he leído los periódicos en meses. Todos los días un hombre mata a una mujer. (24)

Las versiones que la antología hermana hacen del texto original un mural para expresar el grito íntimo o actual de cada voz como si de un acto vandálico se tratara. Arremeten contra llagas que, bien pensadas, se comparten en más de una latitud.

Nombrar la A

América latina, América continente, América islas, América sudaca, América con o sin acentuación, con o sin H, con o sin R velar. Los nombres distintos que la creatividad colectiva sugiere en la antología apenas sirve de ejemplo a la diversidad de identidades que la palabra América puede asumir más allá de pensarse en términos geopolíticos. En algunas formas de traducir el nombre se evidencia una reflexión sociolingüística de los márgenes raciales y coloniales rigen ‘la lengua’ y sus usos, normativa estrechamente relacionada con las responsabilidades que conlleva el ejercicio de la traducción. Como acto poético/político -otras dos caras de un mismo poema- esta apropiación de la identidad del interlocutor no hace sino negociar la identidad de lxs autorxs que está implicada desde el tono del reclamo, hasta las razones para recurrir al mismo:

Hamérica, algo anónimo ya se practica
No todas las luchas son visibles
solo tú asumes la visibilidad y el espectáculo
como fundamento del ser
Hamérica, son nuestras vidas las que ponemos en juego (28)

Como vemos en estos versos, el espacio de lo impronunciable forma parte de las américas que estos poetas practican. Son nombres que simulan países “Argentina, te di todo y hoy soy nada” (18) y consideran la desde las sombras. Este juego de identidad a veces pone la ficha en el centro de los espejos: “Se me ocurre que soy América/ Estoy hablando solo de nuevo” (31); “Me da por pensar que soy como tú, América” (62); “Esto me ocurre a mí, ya que yo soy Américo” (41); “se me ocurre que soy Sudacalandia” (71); “Se me ocurre que soy Latina” (75).

También sucede la No-América. Sucede en la poesía como un conjuro muy poderoso porque expande los márgenes de lo imaginable para nosotrxs mismxs. La palabra transita por el continente ausente -por el asesinato y el secuestro- y renuncia a los sistemas corruptos que controlan nuestras posibilidades de vivir. Las formas de pensar América representan islas de palabras dentro de otras, son el cuerpo que traiciona al amo del lenguaje con su nueva resolución en el rito pagano en que se despide de un nombre y otro despierta:

Hoy ya no puedes ni quieres 8
afiliarte a ningún sindicato 7
a ningún partido político 6
a ningún equipo de soccer 5

Ya no puedes conseguir un trabajo decente 4
ya no tienes nada que hacer aquí 3
excepto ponerte a escribir este tipo de poemas 2
unos minutos antes de que termine el año 1

Happy new year América (23)

Bibliografía:

Delgado, Nicole. Sucede que soy América. Segunda edición. LAEL, Cráter Invertido, 2015.

 

 

 

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