de Namyr Vázquez Arroyo 

La comunidad ‘trans’, los espectáculos y el trance a una reflexión sobre Mala Mala

“It’s all to fit in.” –Sophia

“Mala Mala es la mirada más sostenida, compleja y ambiciosa que se haya hecho hasta la fecha en torno a las comunidades trans de la isla y su diáspora”.

-Rubén Ríos Ávila

            En el 2014, el profesor Rubén Ríos Ávila publicó en 80grados una reflexión sobre las metáforas políticas del documental Mala Mala. Temo que, tres años más tarde, haya que revisitar un elemento más elemental. Ante sucesos como la derogación de la carta que regulaba los uniformes escolares –para ser menos regulatorios y exclusivos– y el rechazo de implementar en el currículo el tema de la perspectiva de género en el Departamento de Educación, parecería que hay que recordar a quienes quedan en la invisibilidad con estos eventos. Este documental está disponible en Netflix y dirigido por Antonio Santini y Dan Sickles. Se presentó por primera vez en el Tribeca Film Festival de Nueva York durante el 2014. Se enfoca en la historia de nueve personas que parecen tener como denominador común que son parte de la comunidad ‘trans’: Ivana, Sandy, Alberic, Soraya, April, Queen Be Ho, Paxx, Samantha y Sophia. No estamos ante una cinta que repite una historia similar nueve veces, sino ante vidas muy diversas que hacen entender al receptor que este no es un colectivo homogéneo. Salvo Paxx, todas las demás nacieron con órganos sexuales masculinos. Algunas, se identifican como transexuales y otras como transformistas. Mi reflexión, además de los asuntos sociohistóricos, tendrá una buena dosis de mi propia condición de “cisgender” femenina que consulta el diccionario para palabras tan comunes como “ridículo”, porque no sé si los significados que le otorgo a los signos son colectivamente aceptables o si los he ido acomodando a mi estructura mental.

Ivana, una de las coprotagonistas, se identifica como transexual, aunque reconoce lo escurridizo que es este concepto cuando destaca que “no todas buscan el mismo fin que yo”. Para ella, “ser mujer” era la respuesta ideal cuando le preguntaban a los cinco años qué quería ser cuando fuera grande. Se dedica a representar los reclamos de su comunidad en los foros que se lo permitan, así como a educar a los demás sobre las particularidades y necesidades que tienen como grupo. La perspectiva que presenta es muy personal: su objetivo no es apelar a la lógica de quien le ofrezca su atención, tampoco se le escuchará citando estudios científicos, aunque sí las leyes que protegen a quienes defiende. La estrategia de Ivana es compartir su historia para apelar a la empatía: “No ven lo que puedes ofrecer como persona o tus sentimientos. No. Ellos lo que ven en una transexual es que esto es para tener relaciones [sexuales]. That’s it. Esa es la realidad”.

Ivana acepta las entrevistas que le ofrecen porque, sin importar el foro, piensa que la benefician: “Cuando yo me doy cuenta de que una de estas entrevistas se va por la línea del sensacionalismo, yo siempre le meto lo educativo”. En la página de Univisión, se publicó una entrevista que tenía como fin promocionar el filme en el programa de Rubén Sánchez. En ese momento se debatía si los estudiantes deberían tener la libertad de escoger cómo se uniformarían para ir a la escuela, así que el programa aprovechó el momento para que Sandy, April e Ivana dieran su opinión y, de paso, lo debatieran con un líder pentecostal. Entre los comentarios del pastor se destacan dos: que la comunidad ‘trans’ debía vivir con el hecho de que Puerto Rico tiene una tradición cristiana de quinientos años y que ningún médico responsable iba a aceptar la transexualidad como materia seria. Si estas ideas no indignan a quien lee, este es un excelente momento para que pague los ocho dólares de la mensualidad de Netflix o le pida su contraseña a alguien para que pueda ver Mala Mala. No se preocupe. Yo espero. No tengo prisa.

Queda claro que el debate suscitado, muy a propósito para quienes consumen la sociedad del espectáculo, deja al descubierto un asunto que la cinta intenta poner de relieve con el fin de concienciar. Estamos ante un tema muy serio para algunos seres humanos. Pero, para otros, como los significantes tienen múltiples significados, la transexualidad sirve para entretenerse. Entretenido, por cierto, está el Presidente de los Estados Unidos que entre sus juegos de golf y su tuiteo nos va a dejar sin condones a nosotras, las mujeres, y a toda la comunidad gay y trans. Las mujeres debemos recordarnos una y otra vez que la lucha por la dignidad es también nuestra. Quería añadirle al sustantivo de “mujeres” el calificativo de “hechas o no” en la oración anterior, pero después recordé que yo también soy una mujer hecha, a pesar de haber nacido con órganos sexuales femeninos. ¿Hecha qué o de qué? Esa siempre ha sido la pregunta, como bien nos han demostrado Shakespeare y Cervantes.

Sandy, quien formó parte de quienes fueron a promocionar Mala Mala en el mencionado programa televisivo, es otra de las figuras que se define como transexual. Conocemos su situación laboral y algunos detalles sobre su relación amorosa con un hombre. Denise Rivera, su nombre completo, se dedicó un tiempo a hacer películas pornográficas y, más adelante, comenzó con la prostitución hasta que solo se dedicó a este último en las calles santurcinas. Este escenario lo comparte con muchas otras transexuales forzadas a buscar dinero de modo alternativo, como también le ocurre a Samantha que se dedica a limpiar casas a pesar de haberse adiestrado para ser asistente de vuelo. Este tema forma parte de los ejes principales de la cinta que nos adentra en las vistas para la aprobación del Proyecto del Senado 238, la marcha por la igualdad que se celebró el 27 de mayo de 2013. Como consecuencia de esta lucha ganada, al final del largometraje, nos encontramos con una Sandy contenta de haber conseguido empleo en el Departamento de Vivienda Pública.

No hay que pensar, por metonimia, que las condiciones nocturnas de su trabajo son parte de su vida personal. Es decir, si bien tiene que trabajar de noche, dedica su tiempo libre a conocer la isla. Le gustan las artesanías, pasear, chinchorrear y es enfática en que no le gustan los clubes. Una de las escenas más acogedoras ocurre mientras nos adentramos a este lado más íntimo de su vida. Sandy y su pareja, Eli, comparten cómo se conocieron y cómo se han ido amoldando a las definiciones sociales debido a su relación. Por ello, Eli sonriente dice a las cámaras: “Me gustan las transexuales así como mi mujer. Me gustan los bollos también. Soy bisexual. Soy así”. Posteriormente, al preguntarle a Sandy si se cambiaría sus órganos masculinos a una vagina, esta dijo que ahora no es el momento “Y si no me la hago, bienvenido el mundo. El hombre que me quiera me tiene que querer así”. Hay un silencio de algunos segundos, mira a su pareja y le pregunta: “¿Tú me quieres?”. Él sonríe y asiente. Ella mira a la cámara y termina con un rotundo: “That’s it”.

“That’s it”. Si bien Ivana y Sandy han logrado utilizar esta frase para considerar su realidad, Samantha no ha llegado a ese punto. De ella sabemos que comenzó con su transformación en el black market, decisión que tuvo más consecuencias negativas que positivas y, ahora, para sentirse relativamente cerca al “that’s it”, hace algunos números musicales fuera del área metropolitana. Se encuentra, entonces, entre las fisuras de la transexualidad y el transformismo. De las nueve, es la única que hace las dos cosas. En cuanto a las transformistas, se narran la vida de tres sujetos masculinos Alberic, Jason y Carlos que, como parte de los espectáculos que ofrecen en The Dollhouse, tienen, cada uno sus personajes: Zahara Montiere, April y Queen Bee Ho respectivamente. Para ellos, el transformismo no es sinónimo de transexualidad si bien el cuerpo pasa por transformaciones. Tampoco significa, como enfatiza April, que se dedican a la prostitución.

Alberic, April y Queen Bee  ofrecen sus propias definiciones de lo que significa ser un “female illusionist”. Alberic, por ejemplo, está seguro de que es un hombre y quiere mantenerse como hombre. Para él, la diferencia está en el binomio idea/cuerpo. Él se viste de su personaje Zahara Montiere al que describe como  “un alter ego de lo que quizá quieras ser como mujer”. Es visible que nos encontramos ante un juego de identidades que se acerca a la ficción y a lo imaginado. El ser imaginado para Alberic no se convierte en una realidad perenne como ocurre con las transexuales, sino que forma parte de un juego, de un performance que sacia otro modo de ser. En esta misma línea se encuentra Queen Bee Ho que se percibe como una artista: “Cuando soy Queen, pues soy una artista que va a hacer su show”.

Entre transexuales y transformistas, nos encontramos con la figura de Soraya, que resalta por ser bastante mayor que las demás entrevistadas, quien recibió un cambio de sexo, pero se considera mujer y no transexual. Su razón es la siguiente: “Si yo tengo mis papeles [que dicen]: sexo femenino, ¿por qué carajo me tienen que decir que yo soy una transexual? Si yo misma a veces no sé qué es una transexual”. Al decir esto, entra en un debate amistoso con Ivana quien le cuestiona si de verdad debe olvidar su pasado como sujeto que nació con órganos masculinos. Pero Soraya está muy clara en sus razones para definirse como una fémina heterosexual: se llama disforia de género. Quise buscar qué significaba este término para enterarme de qué se trataba. Intenté que mi fuente fuera confiable, así que le di ‘click’ a Medline Plus en donde se habla de síntomas, pruebas y tratamiento. Les aseguro que no logro comprender del todo qué significa la disforia de género. Lo que sí entiendo es que tengo que respetar cómo ella se define y cómo construye su identidad, porque es de ella. Intento no ceder a mis preguntas sobre si se construirá así por las circunstancias históricas en las que nació. Supongo que nunca lo sabremos, porque Ivana es una mujer hecha, como lo es Soraya, como lo soy yo y como cualquier ser humano que pertenezca a una cultura. Si bien no todos somos transexuales, todos somos transformistas de algún modo.

Aunque algunos se sienten cómodos utilizando su cuerpo como modo de ganar dinero, hay otros que quisieran pasar desapercibidos. Este es el caso de Paxx y de Sophia. Si Paxx confesará que  “I always see myself shirtless in dreams (…) and no one is looking twice because they’re not guessing what the fuck I am…”.  Sophia declarará que: “I think insecurity plays a humongous part (…) if it wasn’t all black or white, would I have had surgery? Probably not”. Paxx, se define en su Instagram como queer y pansexual, declaración que también está presente en el filme cuando asegura que : “I’m neither, nor…”. De todas las voces, es el único que coquetea con la idea de hacer la transición de mujer a varón. No se le presenta como un camino sencillo, sin embargo, ya que en Puerto Rico no hay espacios en los que se pueda orientar siquiera. Como en el caso de Sandy, a la experiencia de Paxx se le añade el insumo de Audrey, su pareja: I see a guy. I see what he wants me to see”. Sophia, por su parte, cierra el documental y fue una excelente decisión de los directores y de sus editores. Esto, porque detalla con exactitud una de las condiciones humanas que más ignoramos: “be how to be by your words. Life is created through language and with language you get to be who you say you’re gonna be”.

Si el arte es, como señalaban los formalistas rusos, una serie de procedimientos que desautomatizan, este documental cumple con su propósito artístico. Si bien podría tener un fin didáctico, del que yo no puedo deslindarme, es casi imposible que los receptores no salgan con algún tipo de transformación mental luego de verlo. En las vistas del Proyecto del Senado, Ivana dictamina que “nosotras no vinimos a brindar estadísticas, datos científicos o legales ni a ofrecer información de la que no somos expertas. Nosotras vinimos aquí a contar nuestras historias y experiencias vividas como transexuales”. A modo de paralelismo entre forma y sustancia, estamos ante un filme que supo aprovechar las historias de nueve personas con definiciones distintas sobre lo que implica ser trans. Tal vez, podamos llegar al mutuo acuerdo de que, si bien el diccionario es una herramienta útil, es un cuerpo limitado que no puede contener todas sus posibilidades de significación. Por eso, el lenguaje humano y su condición polisémica llegan a ser magia. Ojalá cada día haya más gente que pueda comprender que la magia polifónica de los signos, del cuerpo lingüístico, se puede transferir a otros cuerpos, como el humano.

Bibliografía:

Mala Mala. Dirigida por Daniel Santini y Dan Sickles, protagonizada por April Carrión,     Samantha Close, Ivana Fred, Paxx Moll, Alberic Prados, Queen Bee Ho, Soraya Santiago         Solla, Denise Rivera y Sophia Voines, El peligro, Killer Films y Moxie Pictures, 2014.             Netflix,https://www.netflix.com/watch/80060284?trkid=13752289&tctx=0%2C0%2C2e7   310b7- 9a02-4ab4-a00f-e75460353238-36403349

@paxxito. “Information”. Instagram, https://www.instagram.com/paxxito/

Ríos Ávila, Rubén. “Estadolibrismo trans”. 80grados, 2 mayo 2014,            http://www.80grados.net/estadolibrismo-trans/

Univisión. “Documental retrata la comunidad transgénero de Puerto Rico”. 15 oct. 2015,     http://www.univision.com/noticias/lgbt/documental-retrata-la-comunidad-  transgenero-    de-puerto-rico

 

 

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