de André Marston

Tras la llamada Transición, y ante la actual crisis económica, cabe decir que la España contemporánea ha experimentado varios cambios socioeconómicos. Desde la sombra (2016) de Juan José Millás (1946- ) figura una aportación valiosa a la novelística que indaga la inseguridad de la sociedad española democrática. Esta obra construye con esmero una narrativa intimista en torno a Damián Lobo, quien encarna la desilusión moderna. El catedrático Claudio Esteva Fabregat afirma que “dentro de ciertos cenáculos políticos el escepticismo relativo al porvenir democrático del país ha constituido la nota dominante” (30), y en esta novela el escepticismo se hace patente a nivel individual. La trama poco verosímil se adentra en la psique del protagonista para comentar el entorno. Se trata de un hombre asocial cuya activísima imaginación le hace pensar que es el invitado especial de un programa de entrevistas y que su vida transcurre ante un público amplio. Al ser perseguido por un guardia de seguridad en un mercadillo, se esconde en un armario. No sale del mueble a tiempo, y se transporta a la casa de la mujer que lo ha comprado. Desde la sombra del armario, Lobo observa a una familia en crisis. Visto el contexto sociohistórico, el insólito argumento comprueba que el desencanto político, la inestabilidad económica y la frustración personal son frutos de varios traumas nacionales. Mientras algunos propondrían actos revolucionarios, nuestro protagonista se halla en un refugio verdadero para escapar de la dura realidad. Sin duda, la soledad es un código indispensable para entender el relato así como la situación de una sociedad decadente. La novela será de sumo interés para cualquier lector debido a la diversidad de temas fundamentados en la ansiedad solitaria. Mediante su tratamiento del alejamiento social, las dinámicas familiares, la precariedad económica y los medios de comunicación masiva, la novela retrata la crisis española de una forma innovadora, imaginándola como una experiencia paradójica de aislamiento colectivo. Es decir, pese a las conexiones sociales que uno establezca, perduran el desamparo y el desaliento.

Es de suma importancia que la narrativa construya un perfil psicológico matizado del protagonista. Primero que nada, la niñez de Damián se le presenta al público lector como un ejemplo del aislamiento forzado. El personaje explica que sus padres siempre le han tratado “como si el adoptado fuera yo” (Millás 1398). Su hermana Desiré, al contrario, es la hija preferida, razón por la cual el protagonista tiende a alejarse de los demás. Es clave la inclusión de esta información familiar, porque es como si el rechazo sentimental de los padres fuese una especie de exilio que luego dará lugar al aislamiento voluntario de Damián. Mientras el trauma del aislamiento infantil lleva al desánimo, el alejamiento voluntario representa una forma de apoderarse de la insatisfacción. En su estudio cultural, Víctor Sampedro Blanco arguye que “las identidades son fruto de la interacción” (136). Este planteamiento es relevante para el discurso mediático que surge en la novela, pero también contrasta con la soledad autoimpuesta. El afán individualista del personaje central se refleja en el ámbito profesional y social[1].  Asimismo, la elección de una vida solitaria encaja con la caracterización del perdedor que se va edificando a lo largo del relato. “El perdedor es una figura atravesada por la historia de su tiempo, es el resultado de una coyuntura trágica y, a la vez, se constituye como tal por propia decisión, es decir, deviene perdedor a partir de una consciente elección de vida” (Amar Sánchez 151). El mayor logro de la obra con respecto a la representación del protagonista es que Damián entiende que es un sujeto arruinado; no trata de negarlo. Sin embargo, no se describe como una víctima impotente. El escondite lo convierte en una persona ingeniosa que ha logrado fugarse de las responsabilidades. El protagonista simboliza otro tipo de héroe porque subvierte la influencia de poderes superiores. Según el pensador francés Alain Badiou, “el único héroe posible es aquel cuyo triunfo consiste en no haberse traicionado y no haber cedido frente a los ‘vencedores’” (Amar Sánchez 153). Damián no cede frente a ninguna fuerza real. El armario le permite ser quién es sin tapujos, pues en la oscuridad satisface su gusto por la vida aislada. La gran ironía es que la crisis, el desamparo y el aislamiento se reconfiguran para que el protagonista triunfe en cierta medida. Es más, la falta de esperanza se reapropia para ser un mecanismo de defensa. El autor enfatiza la humanidad de este hombre derrotado, trastornado y problemático, lo cual podría inspirar empatía  en el lector.

Partiendo de la vigilancia oculta de Damián y la incomunicación entre personas que viven en el mismo hogar, se constata que la familia es una reflexión sobre la naturaleza colectiva así como individualista del aislamiento. En varias ocasiones se comenta la insatisfacción de Lucía, María y Federico, la familia extraoficial del protagonista. Según se cuenta, parecen una familia ordinaria y contenta, pero ellos están lidiando con ansiedades propias. La adolescente María padece un trastorno de alimentación tan grave que no le ha venido la regla, y la pareja está insatisfecha con su matrimonio. “Ausente el amor, funcionaba entre ellos una especie de pacto implícito de convivencia, como si, en vez de en un hogar, se encontraran en la sala de espera de una estación donde cada uno esperaba partir tarde o temprano hacia un destino diferente” (Millás 847). Es como si la crisis familiar complementase la crisis personal de Damián. La narrativa de Millás problematiza necesariamente las relaciones sociales al establecer que el aislamiento es un sentimiento contradictorio, porque aquí la soledad se mediatiza por otras soledades simultáneas.

Para apreciar el alto valor de la novela como un estudio psico-social, hace falta examinar cómo esta relación complementaria se facilita por la mirada. Siguiendo el hilo teórico de Lacan, “la mirada como objeto da existencia al Otro, y es en relación con esta presencia que el hombre se constituye como aquel que ‘borra sus huellas’, las que ya ahora representan a un sujeto para otras huellas, es decir, para otro significante” (Depino 160). Damián relaciona lo ajeno con lo propio. A despecho de su deseo de apartarse, el protagonista establece vínculos con la familia. Su punto de vista permite una dinámica única que apoya el aislamiento reconfigurado. Ese juego de ver y no ser visto fundamenta la relación que Damián tiene con ellos, sobre todo con la esposa. Además, a luz de los espectadores imaginarios que Damián tiene en su mente, se señala que quizá no haya una forma de no ser visto, complicando más aún el concepto de la soledad. La obra es inquietante porque alude al hecho de que no se puede escapar de la mirada ajena, aunque sea imaginaria. Como argumenta el estudioso Héctor Depino, “el campo de la visión tiene una enorme complejidad que abarca el ámbito de lo visible y lo invisible, agregando a esta dupla muy trabajada la dimensión de lo no visible, categoría que remite a aquello imposible de ser visto, vinculado a lo no representado, aquello que agujerea la representación” (163). Lo visto, lo ocultado y lo imaginado definitivamente influyen en la percepción de Damián. La obra patentiza que, aparte de sus implicaciones individualistas, la crisis española impacta las relaciones interpersonales también. A saber, las ansiedades de la familia son extensiones de las preocupaciones que agobian al protagonista, y la mirada las vincula todas.

Pese al contenido primordialmente intimista, la obra no obvia del todo la temática de índole político-económica. Una de las preocupaciones más recurrentes es la cuestión económica, la cual se presenta como elemento que agrava la ansiedad y que aumenta el sentido de desamparo ante las responsabilidades. Este abandono, por consiguiente, exacerba el aislamiento que todos sienten debido a las pocas oportunidades profesionales. Como resultado, las referencias a la economía explican mejor el funcionamiento del aislamiento colectivo. Por ejemplo, el despido de Damián es el evento que lleva a su encierro voluntario en el clóset. “El miedo [al cambio de vida que el despido suponía] era el causante del robo y de todo lo que sucedió luego en una extraña concatenación de hechos” (Millás 576). A nivel más abarcador, los gastos insensatos de la familia son otra manifestación del malestar social, y esclarecen el porqué del deseo de encerrarse literal y figuradamente. La familia está pasando por dificultades financieras, pero aún así, “Damián observó que compraban más de lo necesario y mal” (Millás 826). Es de aplaudir la manera en que la obra juega con el concepto del refugio, pues las compras sirven como otro medio de escaparse de la realidad. Mientras Damián tiene su armario-hogar, Lucía, María y Federico tienen la tarjeta de crédito como escape satisfaciente, aunque inútil.

Si bien se reflejan sus efectos perjudiciales, es interesante que en la obra se eviten críticas contundentes al capitalismo. Damián reconoce el régimen neoliberal como una entidad sin alma, pero el protagonista aún se considera apolítico, y describe la concienciación económica como una obsesión: “¡Qué manía tienen ustedes con el capitalismo!” (Millás 1403). Empero, hay momentos en los que se evidencia el comentario socioeconómico. Por ejemplo, Lobo observa que “cuando yo empecé, no se exigían para este puesto laboral los requisitos académicos de ahora” (Millás 164). Si bien no fuese la intención del personaje, esta declaración comenta las altas expectativas del capitalismo neoliberal globalizado. Tales expectativas causan ansiedad cuando se yuxtaponen al pésimo estado de la economía. La ansiedad, a su vez, conduce al abandono antedicho que caracteriza las relaciones sociales de la obra. A pesar de estas dinámicas encadenadas, Damián no asume una postura crítica en ningún momento. Pero precisamente así se destaca el espíritu crítico de la obra. La supuesta apatía del protagonista enfatiza lo humano y subraya la crítica de una manera implícita. El enfoque en la psicología de este hombre y en las distintas frustraciones de la familia destaca los efectos de la sociedad contemporánea a medida que alude a la causa de los mismos. Estos mecanismos narrativos de Millás utilizan la condición humana para interpretar la (o)presión social y señalar el papel del derrotado en el imaginario popular. “El perdedor funciona como una figura metafórica a través de la cual los relatos cuentan versiones diferentes a las de la exitosa historia oficial” (Amar Sánchez 151). Las calamidades de los sujetos presentan una realidad contraria a cualquier ilusión de progreso posfranquista. El aislamiento posibilita una reimaginación de la sociedad española. Con todo, no se plantea una solución, sino una representación matizada de los problemas. En este texto, lo crítico es subyacente, pero no menos significativo. La insatisfacción y falta de esperanza son asuntos fundamentales para tratar el aislamiento colectivo, y esa paradoja social sirve como el punto de partida para abordar cuestiones de índole político-económica.

Pasando a un nivel más teórico, la presencia mediática es significativa por dos razones. Desde una perspectiva extratextual, la inclusión de los medios de comunicación resalta la actualidad de la novela.  Además, esta presencia redefine el concepto de la privacidad y continúa la problematización del concepto de la soledad.  Damián inventa a los presentadores Sergio O’Kane e Iñaki Gabilondo para que le inviten a comentar su vida ante varios espectadores imaginarios. La obra plantea la siguiente pregunta esencial: “¿Por qué había necesitado desde siempre a un intermediario para comunicarse consigo mismo?” (Millás 1185). Refleja, por un lado, la importancia del entretenimiento para la sociedad contemporánea. Es indudable que las plataformas mediáticas son las más impactantes a nivel popular. Se ha teorizado que “los verdaderos gestores de las identidades públicas contemporáneas son los medios de comunicación” (Sampedro Blanco 136). La obra indica que pueden ser gestores de las identidades privadas también. Sin embargo, esta perspectiva refuerza algo desconcertante respecto al aislamiento moderno: por más solo que uno se sienta, persiste el sentido de que alguien lo está vigilando. Esta reconfiguración de la privacidad muestra que los medios de comunicación son una manera de subvertir la angustia. Según el teórico Vicente Verdú, “mientras nos divertimos logramos, mediante la atracción del espectáculo, escapar a la atracción del tiempo, a su peso y a su extrema gravedad” (55). Conjuntamente, se justifica la paradoja aislamiento-colectividad, porque la privacidad ahora es un bien de consumo público.

Recalcando lo imprescindible del tema tecnológico, esa contradicción se multiplica con la inclusión de la Red, pues la novela demuestra que cuanto más avanzan las oportunidades de contacto cibernético, más recluidos se sienten algunos y más dispuestos están a construir identidades alternas. En el caso del Mayordomo Fantasma, seudónimo que crea el protagonista para comunicarse con desconocidos online, la paradoja se refleja claramente porque Damián intenta conectarse y alejarse a la vez. Además de subrayar la contemporaneidad del texto, las referencias recurrentes a sitios como Wikipedia, los foros cibernéticos y el trending topic indican que en este terreno electrónico, el aislamiento y la sociabilidad pueden coexistir. El entramado mediático del relato pretende resaltar las nuevas posibilidades de identificación. Actualmente, “casi todo proceso de identificación identitaria ya está mediatizado, porque en mayor o menor medida depende de su difusión por distintos canales de comunicación” (Sampedro Blanco 137). La obra presenta canales televisivos y cibernéticos (reales e imaginarios) para complicar la soledad y la crisis española. Han llegado nuevas normas sociales que funcionan cual si fuesen complementos del decadente entorno socioeconómico. A Damián “le parecía asombroso haber permanecido atrapado durante tanto tiempo en la libertad ficticia del mundo exterior” (Millás 965). Los ordenadores, junto a la mente humana, simbolizan un mundo interior que problematiza toda conceptualización de la libertad, privacidad y subjetividad.

En suma, Desde la sombra reinterpreta el tema de cuerpos en tránsito planteando el aislamiento colectivo como fenómeno innegable de la sociedad española. Por tanto, la sociedad novelada se arraiga en el desencanto político, la desmoralización y, sobre todo, en la soledad. La obra mezcla lo creíble con lo extraordinario para recalcar la dura realidad que se vive. La decadencia e inestabilidad de los sistemas financieros se incluyen sutilmente en el relato a fin de explorar las dinámicas de la derrota. Asimismo, la figura del perdedor se reconstruye tanto como el concepto del aislamiento. Aunque parezcan temas sin relación, todos los elementos analizados – la niñez, el encierro voluntario, la familia, la cuestión económica y la representación mediática[2]– reconfiguran la soledad y dependen del contacto social. De acuerdo con Katarzyna Beilin, en las obras de Millás, “la ficción, los sueños y la realidad se funden en múltiples juegos metaliterarios y los protagonistas cruzan las fronteras entre el mundo imaginado y el mundo exterior con tan sólo un esfuerzo mental” (118-119). Este libro recién publicado y fácil de conseguir en forma digital será una adición valiosa a cualquier colección literaria, porque demuestra que la mente permite un escape desconcertante y temporal, pero no menos subversivo. Con las facultades imaginativas, un hombre puede vivir desapercibido en un armario y llevar una vida solitaria ante un público siempre vigilante. Lo más curioso, impresionante y conmovedor de esta novela es que muchos lectores se identificarán con las preocupaciones existenciales de su protagonista maniático. Esta empatía provocará la introspección necesaria para que se pueda imaginar una realidad mejor que la actual, cuyas novedades tecnológicas han redefinido las normas comunicativas y van reconfigurando los principios de las relaciones interpersonales.

 

Notas al calce:

[1] Véanse las siguientes citas de la obra: “Por otro lado, mi trabajo facilitaba el aislamiento al que ya era dado por carácter. Mi puesto se encontraba en el sótano del edificio de la empresa. Allí…había un cuartucho reconvertido en taller que compartía con el que durante algún tiempo fue mi jefe, un hombre mayor, muy hábil con las manos, pero recluido dentro de sí mismo como en una celda” (Millás 466). “Mi vida no era nada complicada”, de ahí que su móvil pase semanas sin sonar (Millás 668). “Se me había acabado la batería del móvil, por lo que mi aislamiento del mundo era absoluto” (Millás 719).

[2] Vale mencionar que la presente reseña no es un análisis exhaustivo del contenido de la obra. Su tratamiento de lo erótico, por ejemplo, merece atención detenida, especialmente en diálogo con el tema del cuerpo que guía este número de la revista. Sin embargo, he decidido omitir la temática erótica del trabajo mío para no revelar demasiados detalles sobre lo que ocurre en el relato. Sin duda, el lector que desee investigar el discurso carnal de la novela tendrá bastante materia con que trabajar.

Bibliografía:

Amar Sánchez, Ana María. “Apuntes para una historia de perdedores: Ética y política en la narrativa hispánica contemporánea”. Iberoamericana (2001- ), vol. 6, no. 21, 2006, pp. 151-164.

Beilin, Katarzyna Olga y Juan José Millás. “Vivir de la huída: Entrevista con Juan José Millás”.Confluencia, vol. 17, no. 1, 2001, pp. 117-128.

Depino, Héctor Alfredo. “La mirada: Acto perverso – acto creador”. Desde el jardín de Freud, 9, 2009, pp. 159-168.

Fabregat, Claudio Esteva. “Sobre el desencanto: ¿Desencanto político, o políticos del desencanto?” El Ciervo, vol. 29, no. 348, 1980, pp. 30-34.

Millás, Juan José. Desde la sombra. Editorial Planeta, 2016.

Sampedro Blanco, Víctor. “Identidades mediáticas e identificaciones mediatizadas: Visibilidad y reconocimiento identitario en los medios de comunicación”. Revista CIDOB d’Afers Internacionals, vol. 66, no. 67, 2004, pp. 135-149.  

Verdú Maciá, Vicente. “Capitalismo de ficción”. El estilo del mundo. Editorial Anagrama, 2003, 9-55.

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