de Gaddiel Francisco Ruiz Rivera 

Yo dedico estas palabras a Erimar, cuya gestión fue vital para que Berta Zúñiga Cáceres, joven líder ambiental de Honduras, se presentara en conversatorio en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Puerto Rico en el 2016. El marco de su charla lo fue el trasfondo antes del golpe de estado en Honduras desde el 2009 hasta el año pasado, año en que asesinaron a su madre. Su madre, Berta Cáceres, líder ambientalista hondureña, discriminada por ser mujer y del pueblo lenca. Berta nos hablaba de las empresas hidroeléctricas en Honduras, y cómo se transformó la lucha – que es racial, puesto que su gobierno discrimina contra los pueblos indígenas, y ambiental, puesto que amenazan tierras sagradas de minas y aguas puras.

Nos habló de cómo los medios y el gobierno muestran los proyectos de expropiación, proyectos de muerte, como proyectos sanos y de progreso. La inteligencia militar ha estado allí. “Bertita” nos dijo que recuerda de niña la lucha por la desmilitarización de Vieques, y cómo en su visita le sorprende que esa lucha no ha acabado, que la isla está contaminada, que no alcanza la paz su gente, nuestra gente. Que los asesinatos y los arrestos en Honduras no han acabado. Aquí tampoco. Allí/Aquí los medios enmascaran.

Y entonces hasta creo que es a mi madre a quien asesinaron de un disparo en una protesta, o tras una cuadra y media de persecución saliendo del trabajo. Que las luchas ambientales son luchas por nuestra relación con la tierra y el agua. Que nos falta camino para llegar a la tierra como la queremos. Que su pueblo ha sufrido por mantener la suya. Y el mío por transformar la nuestra.

Cosas de la tierra prometida

Un genio del verso, Clemente Soto Vélez, escribió en el 1979 “La tierra prometida”, libro donde descompone la tierra matriz de la poesía. Una y otra vez articula definiciones en que la palabra y la acción colectiva se posicionan ante la historia de maneras en que protagoniza sonidos, ritmos, fracturas y sentencias.

Una de las formas en el libro lee: “la tierra prometida es promesa que brama por el fuego.” La poesía de nuestra tierra puede prescindir del discurso bíblico y la retórica de la salvación, la reinventa, quiebra los mapas de la historia juntando voces que vuelven a componer la tierra matriz.

Editado por Gegman Lee y Félix Meléndez, el Libro de la promesa publicado por Ediciones Alayubia une textos de 17 escritores que consolidan su fluidez proyectando una sola voz. Es una respuesta ante la imposición de orden dictatorial al que nos ha sometido el gobierno de los Estados Unidos tras la aprobación de la ley P.R.O.M.E.S.A. el 29 de junio del año presente.

La portada lleva impresas 17 pesetas, precio del libro que se estampa como símbolo del salario mínimo al que quieren someter a los jóvenes del país. Las medidas neoliberales y de austeridad a las que los países, incluido el nuestro, han sometido a los pueblos tienen el descaro de proclamarse ante la deuda como salvadoras del progreso. El Libro de la promesa advierte:

“A la deuda le faltan razones para ser creíble, y al país le faltan escuelas y hospitales, transporte público y servicios médicos, vivienda y mejores sueldos, pero, sobre todo, menos sufrimiento.”

Menos sufrimiento. Esta tierra lleva tiempo bramando por la sabiduría del fuego matriz: la madre que dice que nos supo… la rabia de todas las ancestras. Este libro responde a la pregunta de ¿Dónde se esconde la crisis que nos carcome y dónde nos habita?

Devela algunas de las caras de la crisis para descubrir que a veces la crisis no tiene casi cara, solo manos que saludan desde las casas. Ausencia de rostros que hace presente a los que se fueron, que simboliza el miedo a merodear o pisar la calle. Una crisis de arrecifes y de archivos, que es decir se ha vuelto un problema ambiental e histórico. La deuda como su máscara principal se presenta rota e inútil de pagar con 1,2,3,4,5,6 pelícanos, pero los debo… 1,2,3 niñas, pero las debo… 1,2,3,4,5 islotes, pero los debo.

A veces ese rostro es la imposibilidad de leer y escuchar sobre otra cosa que no sea la deuda. Ante esa cara del control mediático del miedo, esta antología presenta la mueca que desenmascara: Me abruman las notas periodísticas sobre la Junta de Control Fiscal que tomará las riendas del país en unos pocos díasEn las oficinas, departamentos y ascensores se habla de que se acabará el papel y que la crisis es un ritual de paso hacia el desempleo y la era digital.

Miramar, San Sebastián del Pepino, Caguas, Guánica. La palabra restructura el mapa de nuestras islas, Vieques nos pasa sus ronquidos de Jet. O soy mi propia medicina o pronunciaremos la r a media asta. Vivir en el trueno que se acerca o vivir sentado.

No es fácil acomodar las cosas que están en la balanza de la tierra, la isla no es solo demografía humana. Todo nos habla y tiene voz desde su justa perspectiva: los picos devoran las ramas para ver sus frutos verdes explotar… el fuego que quisiera sobre los maizales… la playa es justa con sus muertas y muertos. La denuncia que alzamos debe contar con la polifonía isleña, de la naturaleza que nos habla y los mitos que urge desenterrar. Si nos mantenemos alerta, el gigante dormido no se ahoga ni pierde su vista solar en el sueño solitario: el sol se trinca aquí perdiendo los ojos. No es lo mismo si somos nosotros sus ojos.

Las formulas de la “mayoría moral” que da la espalda al mar han caducado. El Libro de la promesa es la maqueta que anticipa los proyectos individuales que saldrán de los escritores reunidos. Son ellos, y nosotros como lectores, sentándonos alrededor de un fuego para escuchar. Muchxs artistas también están formulando respuestas a nuestra crisis, libros, trabajos, obras, gestiones que indigestan al Estado.

Reconocemos nuestras pérdidas de archivo, de arrecife, de amparos. No podemos entender cuánto han perdido nuestros pares que se quedan y con qué se quedan; cuánto han perdido los que se van y con qué se nos van. Las conversaciones vecinales, o con el abuelo, con Nory, Tito o Walter, evidencian la ausencia del amigo, y cómo se nos vacía el país. P.R.O.M.E.S.A. brama por el fuego para abolir el país que llegó en barco a llenarle la boca de sueños a la tierra:

no es el país es la tierra
no es el país es la tierra
no es el país es la tierra
no es el país
la amistad

Bibliografía:

Lee, Gegman y Meléndez, Félix. El libro de la promesa. Ediciones Alayubia, 2016.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s