de Juan G. Gelpí

Parto del señalamiento de una curiosa zona de escasez historiográfica: no abundan  las fuentes secundarias que traten sobre la celebración del cincuentenario de la Universidad de Puerto Rico, ocurrido en marzo de 1953, y, hasta este momento, no he podido dar con estudios historiográficos escritos en las inmediaciones de ese año que se ocupen de la Universidad y se hayan pensado a raíz de ese acontecimiento.

En ese sentido,  ayudan a paliar esa escasez historiográfica tanto el texto titulado “La vida inclemente”, contenido en el libro de Arcadio Díaz Quiñones, La memoria rota, de 1993, como  “La isla desierta: 1957”,  su excelente conferencia dictada en el Recinto de Río Piedras el 13 de marzo de 2009, en el marco del centenario de Jaime Benítez, y que consulté en la Colección  Jaime Benítez de la Biblioteca Lázaro. Ambos se  producen  desde la modalidad genérica de la memoria colectiva: una escritura híbrida en la que coexisten el ensayo y la rememoración, y que se podría ubicar en el espacio contiguo a la historiografía que es la crítica cultural, campo  de trabajo en el  cual Díaz Quiñones ha ocupado un  lugar protagónico en las últimas décadas. Aclaro que en la modalidad de la memoria colectiva que practica Díaz Quiñones está muy presente una instancia subjetiva que dice “yo” y que,  además de rememorar, interpretar y cuestionar el pasado, opera como representación textual del autor. A la dimensión subjetiva que marca al ensayo desde sus inicios en Michel de Montaigne,  se agrega una clara pasión por rememorar. En otros pasajes,   se abordan momentos, figuras y espacios de la vida intelectual, social y política de Puerto Rico. Con todo, esta memoria colectiva no constituye una historia de vida ni es una escritura autobiográfica, géneros en los cuales puede haber un esfuerzo por imponerle una coherencia al pasado personal.

Unas aseveraciones del sociólogo austríaco Michael Pollak,  presentes en su ensayo “Memoria, olvido, silencio”,  me han resultado  muy útiles para abordar el tema de esta ponencia:

El largo silencio sobre el pasado, lejos de conducir al olvido, es la resistencia que una sociedad civil impotente opone al exceso de discursos oficiales. Al mismo tiempo, esta sociedad transmite cuidadosamente los recuerdos disidentes en las redes familiares y de amistad, esperando la hora de la verdad y de la redistribución de las cartas políticas e ideológicas (Pollak 20).

Los recuerdos disidentes adquieren voz  y letra en esta escritura híbrida de Díaz Quiñones que cuestiona los discursos oficiales de la década del cincuenta. En la caracterización de esa década tan marcada por la Guerra Fría y su manifestación puertorriqueña en la Ley 53 de 1948 o Ley de la Mordaza, se encuentra una clave para comprender la carencia historiográfica a la que he aludido. En “La vida inclemente”, se recuerda  que el poder militar de la posguerra estaba legitimado, incluso, en la propia Universidad de Puerto Rico , “… en la que el Rector presidía, muy ufano—su impecable traje combinado cuidadosamente con la camisa, la corbata y el pañuelo–, los desfiles militares del ROTC”. (Díaz Quiñones, “La vida inclemente”,  35).  La evocación que hace este crítico cultural remite al segundo lustro de la década del cincuenta, su época de estudiante universitario, pero el cuadro era semejante en 1953, en el momento del cincuentenario. Sin duda, la fuerte presencia militar  no propiciaba  la existencia de otras voces. Es posible que ese militarismo desalentara la labor de historiadores e historiadoras que se propusieran  tratar  de  entender el devenir histórico de la institución en la cual se desempeñaban.

La Reforma Educativa de 1942 que implantó Jaime Benítez desde la Rectoría, con su occidentalismo axial y su relativa democratización de la educación superior, con el tiempo habría de coexistir con la represiva Ley de la Mordaza, a partir de 1948, y con una clara militarización de la universidad. Ese fue el otro lado de la modernización educativa en Puerto Rico. En su libro La mordaza, la historiadora Ivonne Acosta expone que la Universidad de Puerto Rico fue uno de  los primeros escenarios en los cuales se produjo la aplicación de la Ley de la Mordaza entre 1948 y 1950 (Acosta 116-121).

La valiosa inscripción de los recuerdos disidentes de Arcadio Díaz Quiñones se aprecia mejor si se rescatan algunos detalles de la historia universitaria de ese momento. Una de las fuentes primarias a partir de las cuales se puede estudiar la universidad del cincuentenario es el periódico y revista Universidad, cuya publicación se inicia a fines de la década del cuarenta y cuyos números del 1953 dan una idea de la universidad de ese medio siglo. O sería mejor decir: ofrecen  una idea de lo que la institución estaba dispuesta a divulgar acerca de lo que en ella sucedía.

Una de las actividades que marcó el inicio del cincuentenario fue un desfile militar de las unidades del ROTC que se produjo por las calles de Río Piedras y Mayagüez el 12 de marzo, fecha del cincuentenario (Universidad , 12 de marzo de 1953, 5). En ese mismo número de Universidad se incluyen artículos breves y noticias cuyos títulos son elocuentes: “ROTC: un cuarto de siglo ha” de la autoría de Facundo Bueso y otras notas breves no firmadas que llevan los siguientes títulos: “El Regimiento desfila en honor al Rector”  y “Universitarios en el ejército”. Unas pocas páginas después se encuentra un despliegue de artículos sobre el ROTC aéreo. Tanto en éste como en otros números de la publicación hay una particular carencia de dialogismo: la diversidad de pareceres y la discrepancia no tienen cabida en sus páginas. El poeta Juan Ramón Jiménez tenía a su cargo una sección literaria en la cual a menudo publicaban los jóvenes escritores emergentes o algunos docentes, tales como José María Lima y Francisco Manrique Cabrera,  pero el tipo de literatura que se publicaba carece de temas polémicos. Las pocas veces que se hacen encuestas al estudiantado, se evita tratar cualquier tema que pueda desembocar en opiniones contrapuestas. En algunas ocasiones, se hacen preguntas que no representan un reto intelectual a las y los estudiantes, por ejemplo: ¿Cuáles son las mejores horas para dar clase? ¿Para estudiar o descansar?” (Universidad , 30 de septiembre de 1953, 2). Si se publica un documento estudiantil, como es el caso del reglamento del Consejo de Estudiantes de la Facultad de Ciencias Sociales, coincide curiosamente con muchos de los planteamientos del Rector Benítez sobre la universidad como Casa de Estudios y se hace eco del discurso de la Rectoría (Universidad, 30 de septiembre de 1953, 2). Por lo tanto, si la revista y periódico Universidad es una publicación representativa de cierta población universitaria, su silencio en lo que toca a temas polémicos ayuda a entender, aunque solo sea en parte, la ausencia de una historiografía en el momento del cincuentenario. Con excepción de los discursos del Rector Benítez,  no parece haber ni siquiera una historiografía celebratoria o triunfalista de ese medio siglo de vida universitaria. Cabría recordar, con Edward Carr, que el suceso histórico, para convertirse en hecho histórico, depende de la interpretación que de él hagan los historiadores (Carr 87). En un  espacio intelectual tan poco propicio para la diferencia de criterios como era la Universidad de Puerto Rico del cincuentenario, difícilmente se podía ejercer la facultad de interpretar o,  lo que es parecido,  la posibilidad de diferir al interpretar.

De  manera semejante al modo en que arma Walter Benjamin varios de sus textos de crítica y teoría cultural, “La vida inclemente” se organiza a partir de fragmentos que incorporan distintos motivos (en el sentido musical) o aspectos de la vida cultural, social y política del Puerto Rico de la década del cincuenta. Y de igual modo, se integran fragmentos de la vida estudiantil del autor que ingresa a la Universidad de Puerto Rico en esa década, en 1957. En este proceso de rememoración, Díaz Quiñones destaca que la historiografía que se enseñaba, tanto en la escuela como en la propia universidad de esos años de la Guerra Fría, estaba marcada por una clara debilidad y una carencia de debates de importancia: “…las polémicas más notorias eran sobre el lugar ‘exacto’ del desembarco de Colón” (Díaz Quiñones, “La vida inclemente”,  24). Además, con pocas excepciones, la práctica intelectual universitaria repetía y confirmaba lo que planteaban los políticos que ocupaban puestos de poder. Según Díaz Quiñones, se trataba de una historiografía y de una vida universitaria atravesadas por múltiples silencios que servían para obliterar el fracaso de la reforma agraria de los 40 o las vidas de primos y hermanos muertos en la Guerra de Corea.

Tal vez la respuesta a la pregunta que me hice  al buscar  una historiografía del cincuentenario de la Universidad de Puerto Rico se encuentre en estas lúcidas observaciones de Díaz Quiñones: “…en el contexto de la legitimidad institucional  la historiografía ocupaba un lugar muy marginal  en la Universidad de los años cincuenta, que no podía compararse con el peso que tenían las nuevas “ciencias sociales” (Díaz Quiñones, “La vida inclemente”, 26).  Cabe  recordar que en el libro colectivo organizado por Silvia Álvarez Curbelo y Carmen I. Raffucci en torno al centenario de la Universidad de Puerto Rico– Frente a la Torre—se aborda la década del cincuenta destacando precisamente el papel de las ciencias sociales en un excelente ensayo de Jorge Duany.

En la evocación de los silencios disidentes de la Universidad  cincuentista que realiza Díaz Quiñones se recupera a una serie de figuras que el Rector Benítez marginó de manera autoritaria después de la huelga de 1948: los nacionalistas, los independentistas y los comunistas. También se rescata en esta memoria a los profesores que motivaron una mirada distinta en Díaz Quiñones y sus condiscípulos,  y que supieron transmitir un pensamiento disidente que él ha heredado: Gordon Lewis, Margot Arce,  Jorge Luis Porras Cruz, Robert Lewis y el filósofo chileno José Echeverría, entre otros. De igual modo, su evocación incluye su propia participación como cadete en el programa militar obligatorio del ROTC, así como el hecho de  que la emigración puertorriqueña a los Estados Unidos era un tema visible en la sociedad puertorriqueña y prácticamente silenciado en los salones universitarios.

La conferencia “La isla desierta, 1957” amplía varios aspectos de esta memoria colectiva  universitaria que se enfrenta a los silencios y la represión. Parte de una afirmación importante: el hecho de que los centenarios no pueden ser meros espacios de celebración. Uno de los muchos aciertos de esta conferencia radica en la interpretación que ofrece del discurso del centenario pronunciado por el Rector Benítez,  mensaje oficial en el que se reafirma que Puerto Rico forma parte de una “comunidad occidental”. A lo cual Díaz Quiñones responde, en 2009,  que lo que no se verbaliza  en ese cincuentenario es el vínculo ideológico entre el occidentalismo y el poder.

Lo que no podía ser dicho en el cincuentenario ni tampoco en los años cincuenta en los discursos universitarios era la Guerra de Corea, ni  la militarización, ni Vieques ni Culebra. Una caja de plomo es lo que no podía ser visto ni nombrado. Que planteaba muchas dificultades para constituir un relato histórico. Adquiere espesor, peso y presencia, sin embargo, en la ficción de esos años.  [De un José Luis González]. Se hace visible y yo diría que hasta  ominosamente visible por sus silencios (Díaz Quiñones, “La isla desierta, 1957).

En ausencia de una historiografía o de un espacio universitario de debate y polémica, la valiosa  memoria universitaria silenciada que nos lega  Arcadio Díaz Quiñones posiblemente se transmitió  en el campo intelectual de manera oral, de un modo muy semejante al verso “La vida inclemente” del bolero “Un siglo de ausencia” de Alfredo Gil,  popularizado en los cincuenta por el trío Los Panchos. En este caso, la tradición oral del pasado se une a la escritura posterior en un doble gesto de resistencia de los sectores disidentes.

 

Bibliografía:

Acosta, Ivonne. La mordaza,  Editorial Edil, 1998.

Carr, Edward. ¿Qué es la Historia?,  Trad. Joaquín Romera Maura, Editorial Ariel, 2006.

Díaz Quiñones, Arcadio. “La isla desierta,  1957”,  Conferencia, Coloquio Jaime Benítez, La Universidad y la cultura de Puerto Rico: legado y trascendencia,  13 de marzo de 2009. Escuela de Arquitectura, Universidad de Puerto Rico, Río Piedras. Video que forma parte de la Colección  Jaime Benítez, Biblioteca José M. Lázaro, Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras.

—. “La vida inclemente”.  La memoria rota. Ensayos sobre cultura y política, Ediciones Huracán, 1993, pp. 7-66.

Pollak, Michael. “Memoria, olvido, silencio”.  Memoria, olvido, silencio. La producción social de identidades frente a situaciones límite,  Trads.  Christian Gebauer, Renata Oliveira Rufino y Mariana Tello,  Ediciones Al Margen, 2006, pp. 17-32.

Universidad, 12 de marzo de 1953.

—.  30 de septiembre de 1953.

 

 

 

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